Alex Sandoval: Ni en sueños imaginé hablar mandarín y vivir en Hong Kong

De la frase del escritor y poeta italiano Arturo Graf, “La perseverancia es la virtud por la cual todas las otras virtudes dan su fruto”, se adueñó sin saberlo. A los 17, queda huérfano de madre, pero ya enseñaba inglés. Los retos son su norte, y en el este de Asia encontró el suyo porque se enamoró perdidamente de China. Seis horas diarias en seis meses le bastaron para aprender mandarín básico. Y aunque añora la conexión emocional de los venezolanos, en las más de treinta ciudades que ya conoce de la antigua tierra divina, nada disfruta más que montarse en un taxi para conversar con quien lo conduzca. Sencillo, audaz, arriesgado y visionario, así es Alex Sandoval, un joven venezolano que desde Hong Kong conquista al mundo a través de las plataformas digitales.

Por Zeudy Acosta/Soy Musiú

Un ambicioso salto de Valencia, estado Carabobo -sin cupo Cadivi, sólo con sus ahorros-, lo llevó a la cosmopolita de la cultura y el diseño asiático, a una ciudad de avanzada que dispone de 330 estaciones de subterráneo y cuya tecnología se percibe en todo lo que se palpa, se huele o se ve, Shanghai. De esto hace cuatros años, y Alex Sandoval, quien hoy es el director regional de Asia de la empresa King Contentuna agencia digital que produce estrategias y contenidos para marcas globales en Asia Pacífico-, no vio en el idioma una barrera, sino un reto, pues él es efectivamente eso, un perseverante que toca el piano, un virtuoso en la plataforma digital; un escalador de montañas en su más amplio sentido.

“La idea surgió por ese interés de aprender mandarín, y codearme con el mercado aquí. Lo primero que exploré fue Shanghai, hice un intensivo de seis horas diarias. Asia era un desafío, un continente desconocido y un país que en los últimos 8 ó 10 años viene creciendo de forma vertiginosa, sin nada que lo detenga”, comenta.

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En principio, el joven de 30 años tenía en mente quedarse sólo seis meses, y luego irse a Estados Unidos o a Colombia para tratar de exportar productos chinos, pero “me enamoré de la ciudad y del continente y ya no me quise ir y, aunque no me interesa nacionalizarme chino, ni en mis sueños alguna vez imaginé manejar una moto por Shangai, y me levantaba todos los días con una enorme sonrisa, por el hecho de lograr éxito profesional tan rápido, eso me motivó más”.

Aunque la prioridad laboral se le debe dar a los locales, Alex pudo demostrar que está claro en lo que quiere y va por ello, así que empezó a trabajar en marketing digital con clientes globales como Alibaba, Intel, Lenovo, Audi, LinkedIn, Airbnb, en la administración de sus plataformas de contenido.

Hallazgos diversos

En Shanghai comenzó todo. Sus relaciones y el aprendizaje del idioma fue aprovechado en conversaciones fugaces o extensas con los conductores de los taxis en los que se trasladaba de un lugar a otro, en una ciudad de monumentos como el Bund, el Templo del Dios de la Ciudad y de rascacielos del Pudog; el tema venezolano era un punto de agenda mientras rodaban los carros por las concurridas calles.

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“Algunos –relata-, se conocen la historia de Venezuela y sus políticos, sobre todo este último Gobierno; están al tanto de la política venezolana y latinoamericana. Hay conocimiento de la situación país, pero no una correlación directa entre ésta y quien pudo originar todo el caos. Piensan que Chávez fue un salvador de los pobres. En contraparte, saben que tenemos la mayor inflación de América. Hasta este año, por primera vez, nunca me había tropezado con un chino que hablara mal del Gobierno, y ahora los medios están alertando sobre la gravedad que ocurre en el país”.

Una vez que aterrizó en Shanghai, se ha movilizado por otras ciudades y, aunque está radicado en Hong Kong, la empresa para la cual trabaja lo ha asignado para operar en ésta última y Singapur de manera alternada.

-Uno supone un nivel de dificultad elevado aprender cualquier idioma asiático ¿fue tu caso?

La verdad que como me gusta mucho, no se me hizo tan difícil. Quizá lo más complicado es escribirlo y leerlo, y de hecho es una de las barreras más grandes, pero en la parte conversacional, ha sido más fácil. El último año en Shanghai trabajé en chino, no hablaba inglés prácticamente durante el día.

Como método para acelerar el proceso de aprendizaje del idioma, Alex recurrió a reuniones sociales, grupos de amigos que sólo hablaran la lengua nativa, “a pesar de que no conectaba con muchos, tenía que obligarme a compartir, entender la cotidianidad, expresiones que no ves en los libros, y aprendí bastante”.

Ni directo, ni transparente

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Si de aspectos a valorar acerca de China en el marco profesional se trata, el joven valenciano destaca “la capacidad y oportunidades de expandirse, todas están aquí. Tienen visión de progreso, en los negocios, en cualquier asunto que puedan replicar para ganar”. No obstante, reflexiona que “Venezuela tiene 30 millones de habitantes, sólo en Shanghai hay 27 millones, quizá por ello el crecimiento y la expansión puede ser más rápida. En cuanto descubres la fórmula pequeña, es inmediato replicarla a grandes escalas”.

En el plano personal Alex Sandoval destaca que, al lograr éxito en un país como China donde nadie habla inglés y cuyas costumbres son tan marcadas y diferentes, es altamente probable hacerlo en cualquier terreno.

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“He tenido que aprender –explica-, cómo sentarme en una reunión, qué tipos de palabras emplear. Los chinos no creen en la comunicación directa y transparente, tienes que aprender a leer entre líneas. Todo esto a nivel personal me abrió la mente en un radio de 360 grados que, cuando me ha tocado estar en otros países, la capacidad de adaptación es inmediata”.

-¿Qué añoras de este lado del planeta?

Esa manera tan particular de relacionarnos, de hacer conexión rápida. Hacernos panas y de apoyarnos con facilidad, puedes ir a casa de las personas que recién conoces, hay familiaridad; pero en China puede llevarte hasta dos años, comenzar a hacer una relación de valor. Si agarras confianza rápido, lo ven como negativo.

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Cuando esta costumbre se traslada al plano profesional la manera de hacer clic o feedback, con quien se quiere establecer actividades comerciales, no empieza conociéndose entre las partes a modo personal, “el feeling que puedas tener con una persona, no necesariamente se traslada al plano de los negocios”, apunta.

-¿Cómo se establece una cita de negocios?

Siempre en la oficina de quien está proponiendo el negocio, fuera de ella sólo si ya se va a concretar la firma del contrato, que puede ser en un restaurante y todo el mundo se emborracha; es la manera de celebrar y demostrar que eres parte del trato, no te puedes negar.

-¿Cómo funcionan las relaciones en el plano personal o emocional?

Son bien directos en lo que buscan o necesitan en una relación de pareja. Es normal que la mujer te pregunte la primera vez que te conozca, cuál es tu sueldo, si tienes apartamento propio o si pagas renta. Es su manera de medir el éxito. Pero además tienen muy pocas oportunidades de conocer a otras personas, porque no acostumbran a salir a bares o discotecas, recurren a los padres, quienes entre ellos van como tanteando el terreno de solteros.

Ni lumpias ni perros

Como ha correspondido a otros venezolanos, escogió una nación con la cual no tiene descendencia o vínculo familiar, por tanto, se deja llevar por esa pasión que mueve sus instintos hacia el mundo de la tecnología. Eso es lo que precisamente le ofrecía China, un país que según el propio Alex en materia tecnológica funciona como si estuviese en 2030. “Lo único que tenía relacionado con China era que me gustaba las lumpias”, señala entre risas.

Entre los detalles y aspectos que le llamaron la atención al llegar, destaca el darse cuenta que la comida china no era ni parecida a la que se suele ofrecer en países como Venezuela, Estados Unidos, España, Portugal; sin embargo, precisa que cuando son restaurantes netamente regionales, el menú sí puede ser más parecido a lo que se come en China.

-Acerca de los perros y gatos en la comida ¿es un mito?

Hay una ciudad, que anualmente celebra tres o cuatros días un festival al que acuden miles de personas, donde comen perros, los cocinan vivos, algo súper fuerte. Hay varias ONG´s abocadas a contrarrestar esto, para que se cancele, porque además es visto en el mundo de forma crítica. Pero no es el estándar de ninguna de las ciudades que yo he visitado en China, y ya conozco más de treinta.

 

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